Nuestra sociedad es una sociedad alcohólica. Buena parte de las celebraciones sociales, de las actividades familiares y de los acontecimientos importantes se realizan bajo la sombra etílica, de tal forma que desde pequeños se crece en una atmósfera social y familiar satinada de licor.

El panorama se vuelve más sombrío cuando observamos que los medios de comunicación fomentan el consumo directa e indirectamente. Por un lado con los anuncios repetitivos, que muestran al alcohol como un amigo y por el otro incluyéndolo en escenas causales, románticas y sexuales de películas, series y programas.

Todo esto propicia una fuerte presencia del licor en la cotidianidad que, aunado a las grandes inhibiciones sexuales que padece la población, provocan que se recurra al alcohol con frecuencia, por ejemplo, para mitigar esa timidez que impide a muchos hombres desenvolverse adecuadamente frente a una mujer. Es decir, se utiliza como una forma para quitar “el miedo a las mujeres”.

Otros lo utilizan para durar más en la relación sexual. Erradamente consideran que el alcohol disminuye la eyaculación precoz, aun cuando la ciencia es clara al señalar que pocas veces sirve para ese fin y, cuando funciona, solo retrasa en pocos minutos la eyaculación.

Contrario a esa percepción, los estudios señalan que el alcohol, sobre todo cuando se ingiere en cantidades considerables, suele dañar los mecanismos de la erección, propiciando episodios de impotencia, además tiende a disminuir el deseo sexual y la intensidad del orgasmo masculino.

Adicionalmente el licor provoca una disminución en la percepción del riesgo y por ende de situaciones peligrosas, como por ejemplo vínculos riesgosos, olvido del preservativo, ausencia de anticoncepción, predispone a la violencia y desde luego a la que ocurre entre las parejas, por citar algunos ejemplos.

Aunque se habla mucho del efecto del licor sobre la vida sexual, frecuentemente olvidamos el efecto de la vida sexual sobre el licor. Muchos varones recurren al licor como una forma de apaciguar sus problemas sexuales y conyugales. “Ahogar las penas” y “Lidiar con las cuitas de amor” son frases comunes en bares y cantinas, por eso en el abordaje del alcoholismo es imperativo indagar sobre la vida sexual y la vida de pareja.

Independientemente de las múltiples excusas y razones que se mencionan para justificar su uso y su abuso, el licor es sin duda una droga escapista más, que le permite al individuo precisamente huir momentáneamente de su realidad, alejándolo de cualquier intento formal de cambio y sumergiéndolo indefinidamente en la problemática de la que huye.

*Sexólogo

Deja un comentario