Sr. Carlos Alvarado Quesada

29 de mayo, 2020

Para Costa Rica es un honor ser parte de esta acción colectiva, que envía un mensaje potente a toda la humanidad sobre las cosas maravillosas que somos capaces de impulsar en conjunto, para el resguardo y el bienestar de todas las personas. Hoy se trata de hacer un llamado a la esperanza, sobre todo para las personas más vulnerables en las distintas partes del mundo. Hoy líderes estatales, altos representantes de organismos multilaterales, del sector privado, la Academia y de la sociedad civil unimos voces para anunciar que hemos asumido un compromiso solidario con la vida, la dignidad humana y la cooperación internacional.

La pandemia de COVID-19 marcará un antes y un después en la historia de la humanidad, no sólo por lo que ha significado para nuestros sistemas de salud y para la convivencia y relacionamiento entre las personas. Sino también porque, a pesar de la crisis que hemos tenido que enfrentar, tenemos la oportunidad de tomar decisiones conjuntas que cambien -para bien- el futuro de la población mundial en el corto y mediano plazo. 

Se presenta ante nosotros el desafío de toda una vida: garantizar el acceso universal a las tecnologías sanitarias que requerimos para hacer frente al COVID-19. La promesa de descubrimientos científicos seguros, efectivos y asequibles, como tratamientos, medicamentos y vacunas, debe ser el vehículo que oriente nuestras acciones y nos permita sobrellevar una crisis que ha dejado tanto dolor en tantas comunidades alrededor del orbe. Sin embargo, de nada nos sirve alcanzar estos increíbles desarrollos tecnológicos si no podemos garantizar el acceso equitativo a estos. La única forma en que podemos asegurar la reconstrucción y bienestar de nuestras sociedades es asegurando el acceso de todos los países y de las poblaciones más vulnerables a estos desarrollos tecnológicos. 

Al inicio de la pandemia, solicité al Director General de la OMS, mi estimado amigo y hermano, el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, que construyéramos juntos un mecanismo que nos permitiera poner a disposición de todos los Estados del mundo, las tecnologías en salud que se desarrollen en la lucha contra el virus y la enfermedad que ocasiona. 

Durante las últimas semanas, el esfuerzo conjunto nos ha permitido construir este “Llamado Solidario a la Acción”, mediante el cual tendremos una plataforma para compartir de manera abierta, voluntaria y colaborativa el conocimiento, los datos y la propiedad intelectual que se genere alrededor del mundo, convirtiéndola en un bien público global. 

Durante la 73° Asamblea Mundial de la Salud, realizada de manera innovadora hace tan solo dos semanas, muchos Estados Miembros de la Organización Mundial de la Salud alzaron la voz y respaldaron el desarrollo de esta iniciativa, la cual permitirá que todos los países tengamos acceso a las soluciones que nos permitan protegernos entre todos, asegurándonos de no dejar a nadie atrás.     

En este camino, se han sumado países de todas las regiones y rincones del mundo, a quienes les expreso mi más profundo agradecimiento, dado que han sobrepuesto el bienestar de su población por encima de cualquier otro fundamento. Mi profundo agradecimiento para Argentina, Bangladesh, Barbados, Bélgica, Belice, Bután, Brasil, Chile, Ecuador, Egipto, El Salvador, Honduras, Indonesia, Líbano, Luxemburgo, Malasia, Maldivas, México, Mongolia, Mozambique, Noruega, Omán, Países Bajos, Pakistán, Palau, Panamá, Perú, Portugal, República Dominicana, San Vicente y las Granadinas, Sudáfrica, Sri Lanka, Sudán, Timor-Leste, Uruguay, Zimbabue. 

A aquellos Jefes de Estado y Jefes de Gobierno que aún no se han sumado a este esfuerzo, los invito a no dejar pasar la oportunidad y ser parte de un hecho histórico para la humanidad. Les garantizo que nada será más reconfortante y gratificante que, dentro de unos años, cuando historiadores analicen este crucial momento, ver que todos nuestros países fueron parte de los actores internacionales que dieron un paso adelante y tomaron una decisión visionaria y, más importante aún, humana. 

Como gobernantes, debemos respaldar este llamado solidario, declarando nuestro apoyo al reservorio (en inglés se llama “COVID-19 Technology Access Pool, C.A.P.)” de conocimientos, propiedad intelectual y datos. Debemos alentar a nuestras empresas públicas y privadas, así como a nuestras instituciones de investigación, para que contribuyan de manera voluntaria a la plataforma de intercambio. 

Se nos han sumado igualmente actores clave del ámbito internacional, que han dedicado su labor a la búsqueda del bienestar de las poblaciones que más sufren; su vocación de servicio y proactividad merecen también mi reconocimiento. Igualmente, el Sector Privado se nos ha acercado, con el afán de conocer la propuesta e identificar cómo pueden ser parte de ella; celebro este paso al frente de quienes han entendido que solo en alianza desde lo público y lo privado podremos construir un futuro mejor, un futuro donde todos los brillantes avances científicos de nuestras sociedades sean pilares en la construcción de un horizonte que dignifique cada vida, un futuro donde nuestras capacidades sean potenciadas para seguir cimentando el camino del desarrollo sostenible.

Para citar un ejemplo de buenas prácticas, en Costa Rica, el sector privado también ha ofrecido su contribución. El compromiso de la industria es necesario para hacer eco de este “Llamado solidario”. Boston Scientific en conjunto con la Universidad de Minnesota, bajo el concepto de solidaridad y responsabilidad social corporativa, le han brindado la pre-aprobación al gobierno de Costa Rica para utilizar de forma abierta el diseño del ventilador Co-Ventor, con el fin de que este dispositivo médico pueda ser fabricado de manera local a través las compañías que así lo deseen.

La solidaridad dentro y entre los países y el sector privado es esencial si queremos superar estos tiempos difíciles. Necesitamos liberar todo el poder de la ciencia para ofrecer innovaciones que sean escalables, utilizables y que beneficien a todos, en todas partes, al mismo tiempo.

Solo por medio de la aceleración de la investigación y del desarrollo de tecnologías sanitarias contra el COVID-19 es que podremos salir adelante. Sin embargo, ningún Estado podrá haber superado la pandemia hasta que todos la hayamos superado, por lo que estos desarrollos deben ser accesibles para todos. Por eso invito a las industrias y sectores académicos, así como he invitado a la industria y academia costarricense, a que registre y comparta su conocimiento, propiedad intelectual y datos de tecnologías sanitarias existentes y nuevas para combatir COVID-19, por el bien de toda la humanidad.  

La Universidad de Costa Rica ha desarrollado y pone a disposición de la humanidad un protocolo para la manufactura a partir del plasma de pacientes convalecientes de preparaciones inyectables de inmunoglobulinas humanas hiperinmunes contra el SARS-CoV-2 para el tratamiento de los pacientes en estados severo y crítico de la infección. También otras dos iniciativas relacionadas con el diseño y validación de hisopos para las pruebas diagnósticas de COVID 19 y el desarollo de los prototipos de respiradores para posteriormente trasladar el conocimiento al sector industrial.

El Instituto Tecnológico de Costa Rica se hace presente en este REPOSITORIO y nos ha autorizado para que Costa Rica ponga a disposición internacional tres diferentes iniciativas que se trabajan para combatir el COVID-19: 1. El desarrollo de mascarillas tipo N95; 2. El diseño de cobertores para camillas de ambulancias de la Cruz Roja y 3. El ventilador mecánico de accionamiento neumático.

Por su parte, el Centro Nacional de Innovaciones Biotecnológicas (CENIBIOT), pone a disposición un proyecto que consiste en optimizar protocolos escalables de detección de virus SARS-CoV-2 que prescinden del uso de kits comerciales y, minimiza dependencia de sistemas robóticos. El objetivo es crear alternativas en caso de escasez de kits y facilitar su implementación en regiones con acceso limitado a sistemas robóticos. La propuesta está inspirada en casos de éxito obtenidos en Uruguay, España y por el Consorcio Crick Covid, pero se adaptó a la realidad regional y los resultados se pueden compartir libremente.

Nuestra sociedad civil, siempre activa y pujante, es fundamental en el proceso, defendiendo la iniciativa y abogando para que más y más actores se integren de manera solidaria. Por ejemplo, su papel será importante para convencer a los titulares de los derechos de que necesitan ser socios en esta iniciativa. 

El conocimiento compartido, la propiedad intelectual y los datos abiertos cristalizarán nuestros esfuerzos colectivos para avanzar en el descubrimiento científico, el desarrollo tecnológico y el amplio intercambio de los beneficios del avance científico y sus aplicaciones basadas en el derecho a la salud. 

Esta iniciativa establece un modelo viable para promover el acceso basado en la equidad, la ciencia sólida, la colaboración abierta y la solidaridad global. La solidaridad global acelerará la ciencia y ampliará el acceso a los bienes públicos globales para que juntos podamos vencer el virus.

Cada compromiso, cada paso al frente cuenta. Nuestros pueblos nos observan y esperan liderazgos capaces de trabajar colectivamente por soluciones verdaderas, por acciones conjuntas, que sin egoísmos nos permita reconstruir un mundo donde la salud pública es universalmente resguardada.

Confío plenamente en el potencial humano, su capacidad de innovación y en su comprensión de que cada vida es una historia, son afectos, son ilusiones, y que vale el esfuerzo de trabajar sin descanso y de manera colaborativa, para que pronto ninguna vida se apague a causa de esta pandemia.

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